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El Macondo de Leo Matiz

En su larga travesía por el Caribe colombiano su ojo sensible registró también los instantes perdurables de cielos cargados de relámpagos, de remeros musculosos convertidos en siluetas por la luz escarlata de un atardecer, de pequeñas embarcaciones pesqueras que se bambolean sobre el oleaje con sus velas templadas por el viento, ceibas gigantes que extienden sus sombrillas hasta los frágiles techos de las casas,  de la imprevista agonía de un pollo elegido para un sancocho “trifásico”  a manos de una matrona, de soles infernales  y de frágiles muelles  de madera atiborrados de manojos de bananos, piñas y canastas de peces, de una burra mocha que descubre con estupor su cola cercenada, feroces y temerarias peleas de gallos, de adolescentes que escalan palmeras de coco para ver pasar el tiempo y de niños con rostros adustos que imaginan el futuro desde una ventana.

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